El Comité Internacional de Enlace sobre Reanimación (ILCOR) publica cada cinco años una revisión exhaustiva de la evidencia en reanimación cardiopulmonar. El documento de 2025 —Adult Basic Life Support CoSTR— sistematiza 33 preguntas clínicas, incluyendo 22 revisiones sistemáticas nuevas o actualizadas, y establece recomendaciones de tratamiento basadas en criterios GRADE. Para los equipos de salud que capacitan o ejecutan protocolos de RCP, conocer qué cambió y qué se reafirmó tiene consecuencias directas sobre la práctica.
Compresiones torácicas: lo que la evidencia sostiene
La recomendación de iniciar la RCP con compresiones antes que con ventilaciones (secuencia CAB en lugar de ABC) se mantiene sin cambios desde 2020 para adultos. Los estudios en maniquíes disponibles —todos de muy baja certeza— muestran que la secuencia CAB reduce el tiempo hasta la primera compresión y aumenta la fracción de compresión torácica. La evidencia clínica directa en humanos sigue ausente, pero estudios de registros poblacionales sugieren que el cambio de ABC a CAB se asoció con mayor tasa de RCP por testigos y mejores resultados en paro extrahospitalario.
Sobre la relación compresión-ventilación, la recomendación de 30:2 se mantiene inalterada desde 2017 (recomendación débil, evidencia de muy baja certeza). Todos los estudios incluidos introdujeron el cambio de relación como parte de un paquete de intervenciones simultáneas, por lo que no es posible atribuir el beneficio observado exclusivamente a la proporción. Para servicios de emergencias médicas (EMS), la recomendación fuerte apoya tanto la relación 30:2 como las compresiones continuas con ventilación a presión positiva sin interrumpir las compresiones, una vez colocada una vía aérea avanzada. Esta recomendación sube de certeza alta a moderada respecto de 2019. En contexto hospitalario, el mismo esquema se establece ahora como buena práctica clínica, reconociendo la escasez de evidencia específica.
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Las pausas entre compresiones siguen siendo un punto de atención: la recomendación de detener las compresiones cada 2 minutos para evaluar el ritmo cardíaco no cambia (recomendación débil, evidencia de baja certeza). La fracción de compresión torácica debe mantenerse en al menos 60%, y las pausas perichoque deben ser tan breves como sea posible. La posición de manos sobre la mitad inferior del esternón se reafirma, aunque estudios de imagen sugieren que la anatomía individual varía según edad, índice de masa corporal y condición cardíaca, por lo que no existe una posición universalmente óptima.
Desfibrilación, acceso público y situaciones especiales
En desfibrilación, la revisión sistemática 2025 sobre tamaño y posición de parches en adultos produjo recomendaciones más detalladas. Para proveedores entrenados en desfibrilación manual, la posición anterolateral (AL) sigue siendo la estándar: un parche bajo la clavícula derecha y el otro en la línea axilar media izquierda. Para fibrilación ventricular refractaria —definida como persistencia de FV tras tres descargas consecutivas— se recomienda considerar el cambio a posición anteroposterior (AP). Un ensayo clínico aleatorio que fue detenido por la pandemia de COVID-19 mostró mayor sobrevida ajustada al alta hospitalaria con el cambio vectorial a posición AP (21,7% versus 13,3%; riesgo relativo ajustado 1,71 [IC 95%, 1,01–2,88]), aunque sin diferencia significativa en sobrevida con buen resultado neurológico. Los parches deben colocarse sobre piel descubierta y evitar tejido mamario.
Sobre el acceso a desfibriladores, el grupo de trabajo recomienda explícitamente no usar gabinetes con llave para almacenar DEA de acceso público, alineándose con la declaración científica de ILCOR de 2022. Los datos disponibles muestran tasas de robo y vandalismo menores al 2%, similares en gabinetes cerrados y abiertos, mientras que dos estudios de simulación evidenciaron retrasos significativos en la recuperación del dispositivo cuando se requería franquear medidas de seguridad adicionales. Para paro cardíaco asociado a ahogamiento, las recomendaciones de 2023 se mantienen: iniciar RCP antes que usar el DEA, aplicar la concentración más alta posible de oxígeno disponible, y seguir los protocolos estándar de soporte vital avanzado para manejo de vía aérea.
En pacientes con obesidad, una revisión de alcance incluyó 36 estudios con resultados variables en adultos. La evidencia no justifica modificar los protocolos estándar de RCP en esta población. En niños obesos, dos estudios reportaron peores resultados neurológicos y menor tasa de retorno a circulación espontánea comparados con niños de peso normal, pero la evidencia es insuficiente para establecer recomendaciones específicas. La recomendación del grupo de trabajo es continuar aplicando los protocolos estándar en pacientes obesos de cualquier edad.
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